Creo que por mucho tiempo viví
y pensé a un Jesús un tanto lejano, diferente a mí, que claro me escucha y se preocupa,
pero distante en cuanto a mi forma de vivir y sobrellevar la vida, la lectura
de Sobrino, me invita reflexionar sobre los destinatarios del mensaje de Jesús
y de su mensaje de acuerdo al contexto donde lleva este mensaje. El autor dice:
son “destinatarios privilegiados”, ellos tienen la misma realidad que Jesús,
nacido entre los pobres, siendo, viviendo y muriendo como pobre. Este enfoque
me trae a memoria que la evangelización en el Perú se enfoca en presentar a un
Cristo muerto, crucificado, y la población se identifica con este dolor y
sufrimiento, justo en el mes de octubre aquí en el Perú se le llama el mes
morado, a causa del Cristo moreno (un Cristo crucificado) que es llevado por
las calles para una procesión que dura varios días del mes, esta tradición inicio
cuando su imagen fue pintada por un esclavo llamado Pedro o Benito y tras un terremoto
quedó intacta. La fe se afianzó ante este hecho.
Sobrino, nos muestra modelos
de evangelización “el Cristo absolutamente absoluto”, “el Cristo Liberador”, “El
Cristo reconciliador”, y nos muestra la influencia que ha tenido esta evangelización
en los individuos, ciertamente los poderosos muchas veces han influido para que
este mensaje sea opresivo con las masas, la imagen de un Jesús blanco, ojos azules,
rubio, es totalmente opuesto a mí, soy morena, cabello oscuro, y en nuestros países
esta “raza” fue catalogada por mucho tiempo como inferior y “esclavizada”
porque “no tienen alma”; definitivamente como dice el autor se debe implantar
una nueva imagen de Cristo para la evangelización, de esta manera acercar el
mensaje al individuo, como Jesús también lo hizo llevándolo a los pobres y los
que sufren.
Esta nueva evangelización debe quitar estos paradigmas anclados en nuestra sociedad, existe un Jesús como yo, pobre, que le ofrece salvación a mi alma, y que lucha en favor de nosotros, que ofrece su voz, para darnos un mensaje alentar, salvador y que confronta.
Dejaré añadido un poema escrito
por Phillis Wheatley, la primera poeta afroamericana en EE.UU, aunque murió joven,
dejó un legado: sus versos y su forma de comprender la presencia de Dios y de
Cristo en su vida, siendo negra y esclava en el siglo XVIII.
Sobre
ser traída desde África hasta América
Fue misericordia la que me trajo desde
mi tierra Pagana,
La que le enseñó a mi alma sumida en ignorancia a entender
Que existe un Dios, que existe un Salvador también:
Yo antes redención no buscaba ni conocía.
Algunos ven a nuestra raza negra con los ojos del desdén,
“Su color es un estampado diabólico”.
Recuerden, Cristianos, Negros, negros como Caín,
Pueden ser acrisolados, y unirse al séquito angelical.

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